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Una abeja con antena es clave para mejorar los vehículos autónomos y los drones

Publicado 2 Mar 2020
Una abeja con antena es clave para mejorar los vehículos autónomos y los drones

La gracia es que las habilidades de las abejas para navegar sin chocar son más fácilmente reproducibles en un chip que una red neuronal humana.

Cuando queremos que un vehículo autónomo terrestre o un dron aéreo aprendan a sortear obstáculos y a moverse de un punto a otro de forma autónoma, lo más natural es entrenarlos con las técnicas cerebrales y la visión que tenemos los humanos, porque a fin de cuentas es lo que nosotros conocemos. Y así es como se ha estado haciendo hasta ahora. 

Pero eso no significa que sea lo mejor. Entre otras cosas, porque ningún chip puede operar a la velocidad de nuestro cerebro. Hay un animal mucho más capacitado que nosotros para enseñar a estos vehículos a sortear obstáculos o navegar: las abejas.

En relación al tamaño de su cerebro, las abejas son uno de los animales más inteligentes que existen. Realizan bailes para indicar a otras abejas dónde están las flores, sortean cientos de abejas sin chocarse entre ellas en los alrededores de la colmena, y son capaces de volar a casi 10 kilómetros de su colmena, y recordar el camino de vuelta.

Además estos insectos son uno de los pocos capaces de calcular las distancias en función de la velocidad a la que se mueven los objetos, como hacemos los humanos. Es decir, si están cerca los vemos moverse más rápido que si están a 100 metros. Todo ello con el cerebro del tamaño de un alfiler, y solo un millón de células cerebrales. En comparación, el cerebro humano tiene más de 85.000 millones de neuronas.

Parece mucho más práctico que sean las abejas las que enseñen a moverse a los drones y autos autónomos. Incluso es técnicamente posible contener el cerebro de una abeja en un chip. Y eso es lo que están haciendo los científicos de la Universidad de Sheffield, en Reino Unido.

En un proyecto que cuenta con una financiación de 5 millones de euros, colocaron diminutas antenas de radar a cientos de abejas, y las soltaron por el campo para registrar todos sus movimientos.

No fue una tarea fácil, ya que como explica en el Daily Mail el biólogo Joe Woodgate: "Eran muy buenas escapando de nosotros, y cuando conseguíamos colocarles la antena teníamos a una abeja enfadada revoloteando a nuestro alrededor, no es el lugar más seguro para estar".

Ya consiguieron trasladar los datos recopilados a un chip, que implantaron en un minidrón. Además del seguimiento en campo abierto, también utilizaron una sala de realidad virtual para que las abejas crean estar en un laberinto, y así estudiar cómo lo sortean.

Ahora se trata de perfeccionar los resultados y conseguir que el dron pueda reaccionar igual que una abeja. Pero no será rápido. Aunque están convencidos de que en cinco años, tendrá aplicación comercial.

Fuente: Daily Mail

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