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El motor de combustión interna se ve amenazado por sus rivales eléctricos

Publicado 1 Jul 2019
El motor de combustión interna se ve amenazado por sus rivales eléctricos

El motor de combustión interna se ve amenazado por rivales eléctricos. Poseer un auto se está volviendo opcional en la era de Uber. Reguladores alrededor del mundo están multando a empresas que no hacen lo suficiente para reducir las emisiones de dióxido de carbono. Las ventas globales de autos están disminuyendo por primera vez en una década, alteradas por la guerra comercial del presidente Donald J. Trump.

No es de extrañar que empresas como Fiat Chrysler y Renault estuvieran considerando unir fuerzas para sobrevivir. La decisión de Fiat Chrysler, el 5 de junio, de retirar su oferta para fusionarse con Renault, citando las exigencias del gobierno de Francia, fue otro recordatorio de que el cambio es complicado para los fabricantes automotrices.

La cancelada propuesta para crear al tercer fabricante automotriz más grande del mundo fue una respuesta a la controversia que amenaza una industria que representa muchos de los empleos manufactureros del mundo y es crucial para la suerte económica de Estados Unidos, Japón y Europa.

Las nuevas tecnologías han deshecho industrias como el entretenimiento, los medios de comunicación y las ventas minoristas, debilitando la seguridad laboral de millones de trabajadores. Las ensambladoras automotrices, claramente, son las que siguen.
?Va a ser el cambio más grande que hemos visto en los últimos 100 años?, dijo Erik Gordon, profesor de Negocios en la Universidad de Michigan.

Las principales empresas automotrices gastarán mucho más de 400 mil millones de dólares en el curso de los próximos cinco años desarrollando autos eléctricos equipados con tecnología que automatice gran parte de la tarea de conducir, según la firma de consultoría AlixPartners. Deben modernizar las fábricas, volver a capacitar a los obreros, reorganizar sus redes de proveedores y reconsiderar toda la idea de la propiedad de un auto.

Para los fabricantes, esta inversión es un asunto de supervivencia. Si no se adaptan, podrían volverse obsoletos. Sin embargo, nadie está seguro de si los clientes están realmente dispuestos a pagar por la tecnología y si alguna vez verán ganancias.
Los inversionistas ya han señalado quién creen que saldrá adelante en esta transformación. A pesar de todos su problemas, Tesla, la armadora de autos eléctricos, aún vale más en el mercado bursátil que Fiat Chrysler o Renault. Uber vale más que las dos juntas.

Es mucho lo que está en juego para la sociedad. Empresas como Volkswagen, General Motors o Toyota se cuentan entre los últimos patrones que operan enormes fábricas donde trabajan miles de personas.

A nivel mundial, 8 millones de personas trabajan para fabricantes automotrices, y una cantidad muchas veces mayor trabaja para empresas que suministran frenos, llantas y otras partes.

Esos empleos se ven amenazados. El año pasado, las ventas globales de autos cayeron por primera vez desde 2009. La reducción podría ser una señal del inicio de una recesión global porque la industria automotriz es un catalizador económico muy importante, dijeron analistas de Fitch Ratings en un informe reciente.

La vacilante relación entre consumidores y autos se vio acelerada por el surgimiento del cambio climático como una fuerte problemática política, así como por la peor calidad del aire en ciudades importantes.

China, Gran Bretaña y Francia encabezan una lista de países que tienen como propósito eliminar por etapas los autos que consuman nafta o diesel para 2040.
Pero a pesar de su tamaño, automotrices como Fiat Chrysler, Ford o Volkswagen están en desventaja contra recién llegados como Uber o Dyson, el fabricante de aspiradoras que está desarrollando un auto eléctrico. Los fabricantes automotrices de vieja línea aún obtienen casi todos sus ingresos de autos con motores de combustión interna, y deben mantener redes de fábrica que rápidamente se convierten en pérdidas financieras cuando no operan a toda su capacidad.

Las ensambladoras ya están formando docenas de alianzas más pequeñas. Este año, Ford y Volkswagen acordaron desarrollar juntas camionetas y vans comerciales. BMW y Jaguar planifican cooperar para desarrollar sistemas de conducción de autos eléctricos.

Pero Jim Press, un ex ejecutivo de Chrysler, dijo que las alianzas a gran escala son esenciales ?para tener un camino al éxito en esta era transformadora?.
?Las empresas no van a hacerlo solas?, añadió.

Fuente: Clarín

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