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Autos eléctricos en Chile: por qué la mantención en servicios técnicos oficiales protege la inversión

Publicado 10 Sep 2026
Autos eléctricos en Chile: por qué la mantención en servicios técnicos oficiales protege la inversión


En el Día Mundial del Vehículo Eléctrico, que se conmemora cada 9 de septiembre, el crecimiento acelerado del parque eléctrico chileno pone sobre la mesa un tema poco visible pero decisivo: la posventa. Técnicos certificados, garantías de fábrica y una batería que se degrada mucho menos de lo que se cree explican por qué la mantención en concesionarios oficiales asociados a CAVEM se ha vuelto un factor central para quienes ya manejan —o están por comprar— un vehículo electrificado.

El 9 de septiembre se celebra en más de un centenar de países el Día Mundial del Vehículo Eléctrico, instaurado en 2020 por las empresas ABB y Green TV para visibilizar el avance de la movilidad sostenible. En Chile, la fecha llega en un momento especialmente activo para el sector.

Entre enero y julio de 2026 se comercializaron 34.818 vehículos nuevos de cero y bajas emisiones, un 95,4% más que en igual período de 2025. Dentro de ese universo, los eléctricos puros, los híbridos enchufables y los eléctricos de rango extendido sumaron 11.413 unidades, con un alza de 157,2%. Con todo, los vehículos enchufables aún representan cerca del 6,4% del mercado de livianos y medianos, lo que confirma que el país transita una etapa de adopción temprana, aunque con una curva de crecimiento pronunciada.

El alza de los combustibles registrada durante 2026 aceleró una migración que hasta entonces avanzaba con cautela. Ese salto en la cantidad de unidades circulando trae consigo una pregunta que recién empieza a instalarse con fuerza: ¿dónde y cómo se mantiene un vehículo eléctrico una vez que sale del concesionario?

Por qué un auto eléctrico exige otro tipo de taller

A diferencia de un vehículo a combustión, un eléctrico integra sistemas de alta tensión, baterías de gran formato y arquitecturas electrónicas que requieren protocolos de manipulación específicos. Trabajar sobre esas líneas sin la certificación adecuada implica un riesgo real para la seguridad del técnico y del vehículo.

Por eso, las propias marcas recomiendan realizar el mantenimiento de vehículos eléctricos e híbridos exclusivamente en servicios autorizados, que cuentan con técnicos especializados, herramientas dedicadas y puestos de trabajo diseñados para ese fin. Un taller no autorizado puede, además, comprometer la garantía de fábrica si no logra acreditar que los procedimientos aplicados cumplen con los estándares exigidos por el fabricante.

A esto se suma un factor técnico que distingue a los concesionarios oficiales: el acceso a equipos de diagnóstico actualizados de forma permanente por el propio fabricante, con las versiones de software y los manuales de servicio correspondientes a cada modelo. Esa trazabilidad es difícil de replicar fuera de la red oficial.

Qué contempla realmente la mantención de un EV

Uno de los argumentos más citados a favor de la electromovilidad es la simplicidad mecánica del vehículo. Con menos partes móviles que un motor de combustión, un eléctrico no requiere cambios de aceite, filtros de combustible ni ajustes de válvulas. Sus revisiones periódicas se concentran en el software del vehículo, el estado de la batería, el sistema de frenos —que en muchos casos se desgasta menos gracias al frenado regenerativo— y la suspensión.

Los modelos híbridos enchufables representan un caso intermedio: junto con el sistema eléctrico, sus servicios técnicos deben revisar también el motor de combustión y los fluidos asociados, por lo que su mantención combina ambas lógicas.

Otro elemento propio de la era eléctrica son las actualizaciones por aire, conocidas como OTA, que permiten a algunos modelos recibir mejoras de software sin necesidad de pasar por el taller. Esto no reemplaza las mantenciones programadas, pero sí reduce la frecuencia de ciertas intervenciones presenciales.

Garantías de fábrica: qué cubren y por cuánto tiempo

Las garantías asociadas a la batería suelen ser el punto que más interesa a un comprador. La industria ha ido estandarizando coberturas amplias para este componente, que en algunos casos llegan a ocho años o 200.000 kilómetros, específicamente sobre la batería, además de garantías adicionales para la carrocería y la protección anticorrosión estructural.

Ese tipo de respaldo suele superar, en extensión, a las garantías tradicionales de un vehículo a combustión, lo que refleja la relevancia que las marcas otorgan a la batería como componente crítico. Sin embargo, la letra chica importa: la validez de esa garantía normalmente está condicionada a que las mantenciones periódicas se realicen dentro de la red de servicios autorizados, con repuestos originales y bajo los protocolos definidos por el fabricante.

Para el consumidor, esto significa que optar por un taller ajeno a la red oficial —aunque parezca una alternativa más económica en el corto plazo— puede terminar costando la pérdida de una cobertura pensada justamente para proteger el componente más caro del vehículo.

La salud real de las baterías, según los datos

La duda sobre cuánto dura una batería antes de perder capacidad sigue siendo una de las principales barreras psicológicas para quienes evalúan comprar un eléctrico, sobre todo en el mercado de segunda mano. Los estudios más recientes, sin embargo, entregan un panorama más tranquilizador que la percepción habitual.

Un análisis de la firma Geotab sobre más de 22.700 vehículos eléctricos de 21 marcas determinó que la degradación anual promedio de la batería se ubicó en 2,3% durante 2025, lo que se traduce en una capacidad promedio cercana al 81,6% tras ocho años de uso. La compañía atribuyó el leve aumento respecto de mediciones anteriores al mayor uso de la carga rápida en corriente continua, uno de los factores que más incide en el desgaste acelerado.

En una línea similar, un estudio de la firma austriaca Aviloo, elaborado a partir de más de 500.000 pruebas independientes realizadas entre 2022 y 2026 sobre 20 modelos populares en distintos continentes, concluyó que buena parte de los vehículos analizados conserva alrededor del 90% de su capacidad original tras recorrer 150.000 kilómetros. Ambos estudios coinciden en un punto relevante: el kilometraje por sí solo no es un buen predictor del estado de una batería; pesa más el patrón de uso, especialmente la frecuencia de carga rápida y las condiciones climáticas a las que se expone el vehículo.

Menos visitas al taller: la comparación con los autos a combustión

Uno de los argumentos técnicos con mayor sustento a favor del eléctrico tiene relación con la frecuencia de las mantenciones. Al prescindir de motor de combustión, un eléctrico no necesita las revisiones asociadas a aceite, bujías, correas de distribución o sistemas de escape, elementos que en un vehículo tradicional determinan buena parte del calendario de servicios periódicos.

Esa simplificación se traduce, según reportan las propias marcas, en mantenciones más espaciadas y de menor costo para los modelos eléctricos, aunque las revisiones de neumáticos, frenos, suspensión y sistemas de alta tensión mantienen su periodicidad. Los híbridos enchufables, en cambio, no logran esa misma reducción, porque conservan buena parte de las exigencias de un motor de combustión sumadas a las del sistema eléctrico.

El rol de la red oficial en la posventa eléctrica

El crecimiento sostenido del parque eléctrico chileno —impulsado este año por el alza de los combustibles y una oferta de modelos que se ha cuadruplicado desde 2023— plantea un desafío que va más allá de la venta: sostener esa flota con una posventa a la altura de la tecnología que incorpora.

En ese contexto, los concesionarios oficiales asociados a CAVEM cumplen un rol que trasciende lo comercial. Disponer de técnicos certificados, equipos de diagnóstico actualizados por el fabricante y acceso a los protocolos exigidos para preservar la garantía se vuelve, para el propietario de un eléctrico, tan relevante como la autonomía o el precio al momento de decidir la compra. La transición hacia la electromovilidad, coinciden los antecedentes recopilados, no se sostiene solo en la cantidad de unidades vendidas, sino en la capacidad de la industria de acompañar a esos vehículos durante toda su vida útil.

 

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