Los vehículos sin emisiones tienen en sus baterías su componente más caro y preciado, y su degradación es un aspecto que preocupa a los compradores
Comprar un coche de segunda mano siempre entraña más riesgos que hacerse con uno nuevo, pero en el caso de los coches eléctricos usados se añade una complicación extra: la batería. Su estado es clave para evaluar correctamente el valor del automóvil y, tradicionalmente, se ha tenido miedo a cómo se habría visto afectada por la degradación. Un estudio de reciente publicación pone de manifiesto que no hay que preocuparse tanto.
Ha sido Generational la que ha hecho público un informe que arroja datos tranquilizadores: las baterías de los coches eléctricos se degradan, pero lo hacen a un ritmo mucho menor del esperado, por lo que quienes aprovechen el mercado de ocasión para dar el salto a la movilidad de cero emisiones, pueden estar más tranquilos.
En 2025 se hundió en ventas, pero esta marca sigue siendo la que más satisfechos deja a los dueños de coches eléctricos. En 2025 se hundió en ventas, pero esta marca sigue siendo la que más satisfechos deja a los dueños de coches eléctricos.
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Philip Nothard, presidente de la Vehicle Remarketing Association, explica: “Es comprensible que los compradores potenciales de coches y furgonetas eléctricas de segunda mano den mucha importancia al estado de la batería. Necesitan confiar en que este componente fundamental y costoso del vehículo satisfará sus necesidades sin sorpresas desagradables”.
Son varios los factores a los que tradicionalmente se les ha achacado la pérdida de capacidad de la batería: el uso, el paso de tiempo y los ciclos de carga a los que se somete el coche. Los resultados del informe plasman que el peso de cada uno es muy diferente entre sí.
Lo primero es el kilometraje. Aunque, como es lógico, cuantos menos kilómetros tenga a sus espaldas el vehículo mejor, la cifra no es indicativa de nada por sí sola. De entre los 8.000 coches analizados, coches con casi 260.000 kilómetros en su haber tenían una salud de la batería, lo que se denomina como State of Health (SoH), de entre el 88 y el 95%, una cifra muy superior a lo esperable.
Por tanto, los kilómetros en sí no tienen tanta importancia, adquiere más relevancia cómo ha tratado el dueño a la batería, especialmente en lo referente a qué tipo de carga se ha llevado a cabo a lo largo de su vida útil.
La edad ya no es un problema
Algo similar ocurre respecto a la antigüedad. En el estudio se han analizado vehículos de hasta 12 años. El grupo más viejo tenía entre ocho y 12 años e incluso estos tenían una media de conservación del 85%. Lógicamente, había mejores y peores casos, pero incluso los que estaban en peores condiciones mantenían el 82% de la capacidad y los que habían sido tratados mejor conservaban el 90% de la capacidad original.
El CEO de Generational, Oliver Phillpott, ha comentado a Auto Express: “Los datos demuestran sin lugar a duda que las baterías de vehículos eléctricos tienen un rendimiento mucho mejor de lo que muchos consumidores y actores del sector habían creído. Con un estado de salud promedio superior al 95%, e incluso vehículos más antiguos que superan ampliamente los umbrales de garantía, los fundamentos subyacentes son extremadamente sólidos”.
Fuente: El Motor







